Ojalá me hicieran sonreír las mariposas para olvidar este último siglo bebido en un instante, Me pregunto si alguna vez anhelé probar el sabor mustio de los musgos, Que importa ahora que solo intento cancelar cualquier ecuación responsable de mi secuestro. Por suerte he descubierto el secreto de la puerta de oro, lo difícil es que ya casi nadie pide o acepta, pues les parece sospechoso que no se reclame nada a cambio. Solo aspiro al regalo de ver una sonrisa por cada momento de olvido o por cada tristeza que mis manos disipan. Que absurdo aquel estrafalario tratando de cortar mis pasos. Para que tal pérdida de tiempo? No se da cuenta de que sin contratos, Yo solo soy un asunto De Dios. Aunque ya no perciba los colores varada en esta ensenada de grises, le espero.