La sed no cesaba,
No se si alguna vez fugazmente a estos seres les habrá calado alguna claridad.

Nada hay más triste que un corazón intacto,
para mi asombro, algunas sombras me ayudaron a reclamar mi alma que huyó espantada, traté de actuar lo más natural posible, para poder colectarla nuevamente.

Los que trataron de ayudarme aún no tenían alas, No parecían entender la profundidad de mi tristeza,
estaba escrito dicen y así se fue presentando todo.
Hasta que la madre divina vino con sus brazos de amor generoso y vi los cielos fundirse como si fuésemos una misma dicha.
Me pregunto qué sería de este mundo sin la benevolencia de lo divino.

Por aquellos días solo me dio un poco de sosciego la estatua blanca que me habló sin palabras.
Después, no tube otro camino que el refugiarme en la tibieza de el que al parecer era el más noble,
Ya no podía yo encontrar defectos por eso dije que fue bueno.
Desesperadamente buscaba un poco más de vida mientras las puertas se cerraban dejándome sin mas alternativas que el actuar como imitando lo que debía ser el habitar en esta dimensión, recitando lo que al parecer era mi papel.

En mi visita al mundo gris de los que viven muertos entendí que toda sed es solamente de Luz.